• La depravación de Tiberio: ¿realidad o ficción?

    “Puesto que una costumbre antigua prohibía estrangular a las vírgenes, ordenaba al verdugo que las violara primero y luego las ahorcara”.

  • La reputación de Tiberio estuvo durante mucho tiempo manchada por el testimonio que Suetonio, historiador también romano, nos dejó de él. Parece ser que Tiberio era hombre de costumbres frugales, pero en esto, Suetonio sólo ve hipocresía. Después de neutralizar la peligrosa conjura de Sejano, quien pretendía destruir a la familia real para entronizarse él mismo en su lugar, Tiberio se aisló en la isla de Capri, probablemente cansado de la vida, pero como Tiberio era un Emperador muy poco amado por sus súbditos, toda clase de rumores y chismes corrieron sobre él. Y Suetonio, quizás con espíritu poco crítico, nos dejó un nutrido prontuario de todas las monstruosidades que se le achacaban, con razón o sin ella.

    Suetonio principia diciendo, después de largarse Tiberio a Capri: "a favor de la soledad y lejos de las miradas de Roma, entregóse finalmente sin freno a todos los vicios que hasta entonces, y aunque torpemente, había disimulado". Habría celebrado entonces bacanales y le habría dado altos cargos y magistraturas a sus compañeros de orgías. Estando en desgracia un tal Sestio Galo, por dedicar su fortuna a la vida lujuriosa, le dio oportunidad de "redimirse" invitándole a cenar, "a condición de que aquel día no cambiase en nada sus costumbres y de que habían de servir la cena jóvenes desnudas". Otro individuo, que buscaba una cuestura, obtuvo el cargo luego de beberse toda un ánfora de vino junto con Tiberio.

    Y no para ahí. Menciona Suetonio que en Capri tenía "un grupo de muchachas, de jóvenes y de disolutos, inventores de placeres monstruosos (...) formaban allí entre sí una triple cadena, y entrelazados de este modo se prostituían en su presencia para despertar, por medio de este espectáculo, sus estragados deseos". Después de describir brevemente estas orgías, Suetonio abunda más: "Se dice que había adiestrado a niños de tierna edad, a los que llamaba sus pececillos, a que jugasen entre sus piernas en el baño, excitándole con la lengua y los dientes, y también que, a semejanza de niños creciditos, pero todavía en lactancia, le mamasen los pechos". En otra ocasión, Tiberio habría recibido en herencia un cuadro "en el que Atalanta prostituye su boca a Meleagro", y si le desagradaba, podía recibir un millón de sestercios, pero Tiberio "prefirió el cuadro y mandó colocarlo como objeto sagrado en su alcoba".

    Como decíamos, es extraño que tantas maledicencias pudieran tener algún fundamento, toda vez que el propio Suetonio le reconoce haber rechazado el título de Padre de la Patria, así como varios honores, incluyendo que se nombrara el mes de Septiembre con su nombre propio, así como Julio lo había recibido de Julio César, y Agosto de Octavio Augusto. También le repugnaba la adulación y detestaba las lisonjas. Y le cita Suetonio diciendo: "Si alguno habla mal de mí, procuraré contestarle con todas mis acciones, y si continúa odiándome, le odiaré a mi vez". Y lo más importante: parece ser que estuvo enamorado hasta el final de una chica a la que tuvo que abandonar (o mejor dicho, que fue correteada por la familia) por motivos políticos, hasta el punto que debía contenerse de llorar cada vez que la veía...


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