"Nada es seguro, podríamos estar subiendo y no bajando."


Trayectoria

Hijo de Willy Grass (1899-1979), un protestante alemán, y de Helene Grass (*Knoff, 1898-1954), una católica de origen polaco, el futuro escritor creció como católico. Sus padres tenían una bodega junto a un departamento en Danzig-Langfuhr (hoy Gdańsk-Wrzeszcz). Tuvo una hermana, nacida en 1930. Estudió dibujo y escultura de 1948 a 1956.

Aquí puede ver el vídeo de la mejor entrevista que le hicieran al maestro Grass.

Ha sido un escritor capital en la vida literaria y civil tras la Segunda Guerra, en Alemania y en Europa. Y ha escrito de muy diversos modos sobre la historia de su país de mediados del siglo XX, ya con tres novelas iniciales: El tambor de hojalata (1959), El gato y el ratón (1961) y Años de perro (1963).

Tuvo notable participación en el Grupo 47 de escritores alemanes, que se reunía dos veces al año: era un colectivo de jóvenes autores, luego destacadísimos, que leían fragmentos inéditos y se enfrentaban a la crítica de sus colegas (los organizadores enviaban tarjetas cíclicamente a personas muy dispares, ajenas al grupo). Estas reuniones del Grupo 47 dieron voz, incluso finalmente en Europa, a una nueva generación de escritores.

Por otra parte, Günter Grass tuvo una activa participación política en toda su vida. Criticó con dureza la represión de obreros en la Alemania del Este (RDA) a comienzos de los años 1950 (Los plebeyos ensayan la revolución). De hecho se mantuvo siempre muy cercano al partido socialdemócrata y ayudó entre otros a Willy Brandt en sus campañas (como puede leerse en Diario de un caracol), que fue decisivo para el cambio alemán. En 1990, su breve ensayo sobre los campos, Escribir después de Auschwitz, fue muy comentado. Además se opuso, tras la caída del Muro, a una reunificación apresurada e invasiva con la antigua RDA.


Una polémica

Es posible que, por todo ello, antes y después de recibir el Premio Nobel de literatura, en 1999, haya sido atacado de diversas maneras, e incluso que una vez decidiese irse de Alemania (casi un año estuvo, por ello, en la India).

Fue especialmente polémico el pasaje de su vida que relató en su autobiografía de 2007, Pelando la cebolla, en donde relata su infancia, su vida como soldado, sus inicios como escritor y su relación con el Papa Benedicto XVI, quien asimismo fue prisionero de guerra en Bad Aibling (Baviera). Y esta obra difundió otra pretendida novedad, avanzada por el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ): que a los 17 años perteneció a las Waffen-SS, esto es, que se contó entre los soldados, casi un millón, que reclutó al final la SS (Schutzstaffel o «Cuerpo de Protección»). Se conocía más que en 1944 estuvo unos meses en el ejército como auxiliar de artillería y que sirvió en la milicia, pero no que los batallones organizados para la guerra por los nazis lo hubiesen reclutado como soldado, aún en edad escolar.

Grass señaló que su ingreso en las Waffen-SS no fue premeditado, ya que se había presentado voluntario para servir en submarinos, y fue destinado a Dresde, donde sirvió en la 10.ª División Panzer SS Frundsberg. Grass solo sirvió en esos batallones unos meses, cuando tenía 17 años, por lo que ha sido defendido entre muchos otros por Volker Schlöndorff, por Salman Rushdie, por su traductor Miguel Sáenz o por Mario Vargas Llosa.

Es más, Klaus Wagenbach escribió que ese hecho ya se lo había contado el autor en 1963 para hacer una monografía sobre él, y transcribe ahí las notas correspondientes que tomó. Lo había declarado Grass sin tapujos, dice Wagenbach, pero al FAZ le interesaba en 2007 un titular: "No sólo hay demasiados reaccionarios en el mundo, sino también demasiados parricidas", añadía ese especialista en Kafka al respecto. Eso no impide, según una entrevista con él por Juan Cruz, para que el propio Grass valore críticamente —y lamente— lo que significó esa "seducción" del poder en los muchachos de su generación.


Obra

Llamó poderosamente la atención su extensa novela El tambor de hojalata, de 1959, sobre la Alemania de su infancia y asimismo Años de perro de 1963. Desde entonces se convirtió en una de las voces narrativas más conocidas de su país por su tono ácido e implacable sobre el pasado inmediato.

Escribió luego El rodaballo (1977), novela que recoge sus saberes culinarios; un breve y denso Encuentro en Telgte (1981), sobre los escritores alemanes del barroco. Luego La Ratesa (1986), y tres libros sobre la historia de su país, que han tenido mucha resonancia: Es cuento largo (1996), sobre la caída del muro de Berlín, Mi siglo (1999), que va año a año por el siglo XX (y fue publicada en el año de su Nobel), y A paso de cangrejo (2002), pues "es necesario retroceder para avanzar, como los cangrejos", según dice Grass. En esta novela, A paso de cangrejo, recuerda el destino de millones de alemanes que fueron víctimas de la Segunda guerra mundial. La pieza central del libro es el hundimiento del barco Wilhelm Gustloff, el 30 de enero de 1945, con miles de refugiados de la Prusia Oriental a bordo; muchos de ellos, niños. Como en Alemania es un tema monopolizado por las poderosas asociaciones de refugiados de Prusia Oriental, de corte conservador, Grass corría el riesgo de verse adscrito a una ideología que no era la suya. Por eso en su novela va contraponiendo el tema de la muerte de miles de refugiados alemanes con el destino fatal de un joven de la ultraderecha (neonazi). Partiendo de esa tragedia, hace igualmente un recorrido por otras de las sufridas por la población alemana, que apenas se estudian en los libros de texto del país.

Aparte, realizó obras de ilustración, como en Der Schatten (La sombra. Los cuentos de H. C. Andersen vistos por G. Grass), por la que obtuvo el premio Hans Christian Andersen de ilustración en 2005. También ha editado libros con sus dibujos. En 2006, presentó una exposición con esculturas y dibujos en Görlitz.

Los principales traductores de las obras de Grass al castellano han sido Carlos Gerhard Otterwälder, muerto en México en 1976, y Miguel Sáenz (este último la ha hecho en contacto con el autor).

En enero de 2014 Grass declaró que no escribiría más novelas, debido a que a su avanzada edad le era imposible planificar el tiempo que le lleva hacerlo. El retiro de la narrativa no significó, sin embargo, el retiro definitivo, ya que siguió cultivando la poesía y el dibujo


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