"Hablar mucho de pelear y pelear poco ha sido un ardid de buenos resultados en la lucha por el poder"


Hija de la reina Isabel I de Castilla y del rey Fernando II de Aragón, Catalina tenía tres años cuando fue prometida en matrimonio al príncipe Arturo, primero en la línea de sucesión al trono inglés. Se casaron en 1501, y Arturo falleció cinco meses después. En 1507, actuó como embajadora para la Corte Española en Inglaterra, convirtiéndose en la primera mujer embajadora de la historia Europea. En 1509 Catalina contrajo matrimonio con Enrique, hermano menor de Arturo al que había sucedido en el trono recientemente. Durante seis meses en 1513, sirvió como regente de Inglaterra mientras Enrique VIII estaba en Francia. Durante ese tiempo, los ingleses resultaron victoriosos en la batalla de Flodden Field contra los escoceses, un acontecimiento en el que Catalina desempeñó un papel importante.

Hacia 1525, Enrique VIII estaba locamente enamorado de su amante, Ana Bolena, e insatisfecho con su matrimonio con Catalina, que no había producido ningún varón superviviente, dejó a su hija, la futura María I de Inglaterra, como heredera presunta durante una época en la cual no había ningún antecedente establecido para que una mujer sucediera al trono. Enrique buscó una manera de que se declarase nulo su matrimonio, poniendo en marcha una cadena de acontecimientos que condujeron a la ruptura de Inglaterra con la Iglesia Católica. Cuando Clemente VII rehusó la declaración de nulidad el matrimonio, Enrique le desafió asumiendo la supremacía sobre los asuntos religiosos. En 1533 el matrimonio fue declarado inválido y Enrique se casó con Ana Bolena en juicio del clero en Inglaterra y sin referencia al Papa. Catalina se negó a reconocer oficialmente a Enrique como jefe supremo de la Iglesia de Inglaterra y se consideraba tanto la esposa legítima del rey como la verdadera reina, atrayendo mucha simpatía popular. A pesar de esto, Enrique sólo la reconoció como Princesa Viuda. Después de ser desterrada de la Corte, pasó el resto de su vida en el castillo de Kimbolton donde murió el 7 de enero de 1536. Los súbditos ingleses de Catalina la tenían en alta estima y su muerte desencadenó un largo periodo de intenso luto entre el pueblo inglés.

El controvertido libro De institutione feminae christianae de Juan Luis Vives, que afirmaba que las mujeres tienen derecho a una educación, fue encargado por ella y dedicado a ella. Tal fue la impresión que Catalina causó en la gente que, incluso su enemigo Thomas Cromwell, dijo de ella: "Si no fuera por su sexo, podría haber desafiado a todos los héroes de la historia". La reina obtuvo un triunfo con la exitosa apelación a favor de la vida de los rebeldes involucrados en Evil May Day a los que defendió por el bien de sus familias. Catalina también se ganó la admiración generalizada por iniciar un amplio programa para el socorro de los pobres. La reina fue mecenas del Humanismo Renacentista y amiga de los grandes eruditos Erasmo de Rotterdam y Tomás Moro.


Influencia

El 11 de junio de 1513 Enrique nombró a Catalina como regente o Gobernadora de Inglaterra mientras viajaba a Francia para la batalla de Guinegate (1513). Cuando Luis I de Orleans, Duque de Longueville fue capturado en Thérouanne, Enrique le mandó a vivir en la Corte de Catalina. Ella le escribió una carta a Wolsey, diciéndole que tanto ella como su consejo preferirían que el Duque se alojara en la Torre de Londres ya que los escoceses estaban "tan ocupados como lo están ahora". También añadió sus oraciones para que "Dios nos traiga tanta suerte contra los escoceses, como tiene allí el Rey." La guerra con Escocia mantenía ocupados a sus súbditos y ella estaba "horriblemente atareada con hacer estandartes, pancartas e insignias" en el Palacio de Richmond. Los escoceses invadieron y el 3 de septiembre Catalina le ordenó a Thomas Lovell que reuniera un ejército de los condados del centro de Inglaterra. Catalina, a pesar de estar muy embarazada, cabalgó hacia el norte en armadura completa para dirigirse a las tropas (dio a luz a un hijo mortinato alrededor de octubre). Su impresionante discurso fue relatado por el historiador Pedro Mártir de Anglería en Valladolid una quincena más tarde. Aunque un boletín informativo italiano afirmó que Catalina estaba 100 millas al norte de Londres cuando le llegó la noticia de la victoria en la batalla de Flodden Field, en realidad estaba cerca de Buckingham. Desde Woburn Abbey le envió una carta a Enrique junto a un trozo del chaquetón sangriento de Jacobo IV de Escocia, muerto en batalla, para que el Rey lo utilizara como bandera en el asedio de Tournai.

A medida que Catalina envejecía, aumentó su dedicación religiosa tanto como su interés en asuntos académicos. Continuó ampliando sus conocimientos además de ocuparse del entrenamiento y la instrucción de su hija. La educación de las mujeres se puso de moda debido, en parte, a la influencia de Catalina. También donó sumas de dinero considerables a varias universidades. Sin embargo, Enrique todavía consideraba un heredero varón como algo imprescindible. La Dinastía Tudor era nueva y su legitimidad aún podía ser desafiada. La última vez que una mujer, (la Emperatriz Matilde), había heredado el trono, se había desencadenado una larga guerra civil (1135-54), cuyos desastres estaban aún frescos en la memoria colectiva por culpa de la Guerra de las Dos Rosas.

En 1520 el Emperador Carlos V, sobrino de Catalina, realizó una visita de Estado a Inglaterra y ésta instó a Enrique que se aliara con Carlos en vez de con Francia. Inmediatamente después de la partida del Emperador, Catalina acompañó a Enrique a Francia para hacerle visita a Francisco I y gozar del célebre Campo del Paño de Oro. Dos años más tarde, se declaró la guerra contra Francia y Carlos fue recibido una vez más en Inglaterra, donde comenzaron los planes para prometerle en matrimonio a la joven María.


El «gran asunto» del Rey

En 1525, Enrique VIII se enamoró de Ana Bolena, una dama de compañía de la Reina Catalina 9 años más joven que el Rey, y empezó a cortejarla; por estas fechas Catalina ya no podía concebir hijos. Enrique empezó a creer que su matrimonio estaba maldito y buscó confirmación en la Biblia, que interpretó como si afirmase que si un hombre se casa con la viuda de su hermano, el matrimonio será estéril. Incluso si no se había consumado el matrimonio con Arturo, (y Catalina insistiría hasta su muerte en que era virgen cuando llegó al tálamo de Enrique), la interpretación del texto bíblico por Enrique significaba que el matrimonio había sido indecente a ojos de Dios. La cuestión de que si el Papa que presidió el matrimonio de Enrique y Catalina había tenido el derecho de decidir en contra del impedimento bíblico indicado por Enrique, se convertiría en tema candente de una campaña en la que el Rey intentaría arrebatarle una declaración de nulidad al Papa en ejercicio. Es posible que la idea de una declaración de nulidad se le haya sugerido a Enrique mucho antes y es muy probable que fuera motivada por su deseo de tener un hijo. Antes de que el padre de Enrique sucediera al trono, Inglaterra se encontraba sitiada por conflicto armado a causa de reclamos rivales a la Corona Inglesa y quizá Enrique quería evitar una incertidumbre semejante sobre la sucesión.

Mis tribulaciones son tan grandes, mi vida tan perturbada por los planes inventados a diario para promover la intención retorcida del Rey, las sorpresas que me da el Rey, con ciertas personas de su consejo, y mi tratamiento es lo que sabe Dios, que es lo suficiente para acortar diez vidas, mucho más la mía.
Pronto, el único objeto absorbente del deseo de Enrique se convirtió en asegurar una declaración de nulidad. Catalina fue desafiante cuando se le sugirió que se retirara discretamente a un convento, diciendo "Dios nunca me llamó a un convento. Yo soy la verdadera y legítima esposa del Rey." Enrique tuvo esperanzas con una apelación a la Santa Sede, actuando independientemente del Cardenal Thomas Wolsey, además de no contarle nada de sus planes. William Knight, el secretario del Rey, fue enviado al Papa Clemente VII para demandar una declaración de nulidad, con el argumento de que la bula del Papa Julio II se había obtenido bajo falsas declaraciones.

Sin embargo, por aquel entonces el Papa era el prisionero del sobrino de Catalina, Carlos V tras el Saqueo de Roma en mayo de 1527, y por lo tanto a Knight le resultó difícil obtener acceso para verle. Al final, el enviado de Enrique tuvo que regresar a Inglaterra sin haber conseguido gran cosa. Ahora a Enrique no le quedaba más remedio que encargarle este gran asunto a Thomas Wolsey, que hacía todo lo posible para asegurar una decisión a favor de Enrique.

Wolsey incluso llegó hasta tal punto de convocar una corte eclesiástica en Inglaterra a la que asistieron Catalina y Enrique, y en la cual presidía un representante del Papa. Aquí, el 21 de junio de 1529, es donde Catalina pronunció su célebre discurso; se levantó, y, lentamente, con los ojos de todos fijos en ella, rodeó la apretada fila de obispos, subió al otro lado de la tribuna y se arrodilló a los pies de su marido:

"Señor, os suplico por todo el amor que ha habido entre nosotros, que me hagáis justicia y derecho, que tengáis de mí alguna piedad y compasión, porque soy una pobre mujer, una extranjera, nacida fuera de vuestros dominios. No tengo aquí ningún amigo seguro y mucho menos un consejo imparcial. A vos acudo como cabeza de la Justicia en este Reino.
Pongo a Dios y a todo el mundo por testigos de que he sido para vos una mujer verdadera, humilde y obediente, siempre conforme con vuestra voluntad y vuestro gusto… siempre satisfecha y contenta con todas las cosas que os complacían o divertían, ya fueran muchas o pocas… he amado a todos los que vos habéis amado solamente por vos, tuviera o no motivo y fueran o no mis amigos o mis enemigos. Estos veinte años o más he sido vuestra verdadera mujer y habéis tenido de mí varios hijos, si bien Dios ha querido llamarles de este mundo. Y cuando me tuvisteis por primera vez, pongo a Dios por testigo que yo era una verdadera doncella no tocada por varón. Invoco a vuestra conciencia si esto es verdad o no [...] Me asombra oír qué nuevas invenciones se inventan contra mí, que nunca procuré más que la honorabilidad, y me obliga a oponerme al orden y al juicio de este nuevo tribunal, en el que tanto daño me hacéis.
Y os suplico humildemente que en nombre de la caridad y por amor a Dios, que es el supremo juez, me evitéis la comparecencia ante este tribunal en tanto mis amigos de España no me hayan aconsejado cuál es el camino que me corresponde seguir. Pero si no queréis otorgarme tan menguado favor, cúmplase vuestra voluntad, que yo a Dios encomiendo mi causa."

Y con una profunda reverencia al Rey y sin una mirada siquiera a los dos legados o a los obispos que estaban reunidos, se dirigió lentamente hacia la puerta de la Gran Sala. Un espectador oyó que el gentilhombre de Catalina, Griffith, le decía tímidamente: "Madame, sois llamada de nuevo" y, en efecto, la tercera convocatoria formal del tribunal se estaba pronunciando desde los estrados. "No importa" respondió, "para mí, este tribunal no es imparcial. No permaneceré aquí."

No obstante, Clemente VII no tuvo intención de permitir que se llegara a una decisión en Inglaterra y su enviado papal fue retirado. (Es difícil saber hasta que punto fue influido el Papa por Carlos V, pero Enrique tenía claro que era improbable que el Papa declarara nulo su matrimonio con la tía del Emperador). El Papa prohibió que Enrique se volviera a casar antes de haberse tomado una decisión en Roma. Wolsey había fracasado y fue despedido de su cargo público en 1529. A continuación Wolsey comenzó a tramar un complot secreto para forzar Ana Bolena al exilio, y empezó a comunicarse con el Papa para lograr ese fin. Cuando se descubrió la conspiración, Enrique ordenó el arresto de Wolsey, y de no haber sido un enfermo terminal que en efecto falleció en 1530, quizá habría sido ejecutado por traición. Un año después, Catalina fue desterrada de la Corte, y se concedieron sus antiguos apartamentos a Ana Bolena. Cuando murió el Arzobispo de Canterbury William Warham, se nombró a Thomas Cranmer, el capellán de la familia Bolena, como sucesor al puesto libre.

Por último, Enrique se casó el 25 de enero de 1533 con Ana Bolena, ya embarazada de la futura reina Isabel I. El Arzobispo de Canterbury, Thomas Cranmer, declaró nulo el matrimonio del rey con Catalina (23 de mayo de 1533). Enrique VIII se separó de la obediencia a la Iglesia Católica de Roma en 1534 y se hizo reconocer como jefe supremo de la nueva Iglesia de Inglaterra.

Cuando Enrique decidió buscar la declaración de nulidad su matrimonio con Catalina, Juan Fisher se convirtió en el consejero más leal de la Reina y en uno de sus partidarios principales. Juan asistió a la corte del enviado papal en nombre de ella, y conmocionó a las personas presentes con la franqueza de su lenguaje y con la declaración que, como Juan el Bautista, estaba dispuesto a morir para defender la indisolubilidad del matrimonio. Esto enfureció tanto a Enrique que redactó un largo discurso en latín dirigido a los legados en respuesta al discurso de Fisher. La copia de Fisher sigue en existencia, el margen lleno de sus anotaciones manuscritas, demostrando lo poco que temía la ira de Enrique. La labor de Fisher terminó cuando la causa a Roma fue eliminada, pero Enrique jamás le perdonó. Entre otras personas que apoyaban la causa de Catalina se encontraban Tomás Moro, María Tudor, Reina de Francia la propia hermana del Rey, (aunque como miembro de la familia Tudor y de sangre real, estaba exenta de cualquier castigo y ejecución), María de Salinas, el Emperador Carlos V, Paulo III y los Reformadores Protestantes Martín Lutero y William Tyndale.


Destierro y muerte

Al regresar de Dover de una reunión con Francisco I de Francia en Calais, Enrique se casó con Ana Bolena en una ceremonia secreta. Algunas fuentes especulan que Ana ya estaba embarazada (y Enrique no quería correr el riesgo de que el niño naciera ilegítimo), pero otras testifican que Ana (observando que su hermana María Bolena había sido amante del Rey y que luego éste la dejó de lado), se negó a acostarse con Enrique hasta que se casaran. Enrique defendió la legalidad de la unión señalando que Catalina había estado casada anteriormente. Si se había consumado el matrimonio entre ella y Arturo, derecho canónico indicaba que Enrique estaba en su derecho de volverse a casar. El 23 de mayo de 1533, Thomas Cranmer actuó como juez en una corte especial convocada en el Priorato de Dunstable para dictaminar la validez del matrimonio de Enrique con Catalina. Cranmer declaró el matrimonio ilegal, pese a la testificación de Catalina que ella y Arturo nunca habían tenido relaciones sexuales. Cranmer luego dictaminó el matrimonio de Enrique con Ana Bolena como válido cinco días más tarde, el 28 de mayo de 1533.

Hasta su muerte, Catalina seguiría refiriéndose a sí misma como la esposa legítima de Enrique y la única verdadera Reina de Inglaterra, y sus criados continuaron a usar ese título cuando se dirigían a ella. Enrique le privó el derecho a cualquier título salvo el de "Princesa Viuda de Gales" en reconocimiento de su estatus como la viuda de su hermano.

Catalina se instaló en el castillo del More en el invierno de 1531/32. En 1535 fue trasladada al castillo de Kimbolton. Allí, se confinó a un solo cuarto, (del cual salía solamente para asistir a Misa), no llevaba puesto más que el cilicio del Órden de San Francisco y ayunaba continuamente. Se le permitían visitas ocasionales, pero le estaba prohibido ver a su hija María. También tenían prohibido comunicarse de forma escrita, pero sus partidarios llevaban discretamente las cartas de una a la otra. Enrique les ofreció mejor alojamiento y permiso para verse si reconocían a Ana Bolena como la nueva Reina. Ambas se negaron.

A fines de octubre de 1535, sintiendo que se acercaba el fin, Catalina hizo su testamento y le escribió a su sobrino, Carlos V, pidiéndole que protegiera a su hija. En diciembre, María de Salinas, amiga de Catalina que había viajado con ella a Inglaterra cuando se casó, se enteró que Catalina estaba muy enferma y se dispuso a verla. María llegó a Kimbolton y prácticamente irrumpió en el castillo, inventando la excusa de que la carta dando licencia para su entrada estaba en camino y suplicando a los guardias que no echaran fuera a una mujer en una noche fría de invierno. Salinas encontró que Catalina estaba muy enferma. Acababa de cumplir 50 años. Apenas podía acomodarse en la cama, mucho menos ponerse de pie. Había sido incapaz de comer, o retener la comida durante varios días y un dolor de estómago había impedido que durmiera más de dos horas en total durante las seis noches anteriores.

Las visitas y el cariño de María de Salinas le levantaron la moral e hicieron que mejorara su salud. Catalina empezó a comer y a retener la comida. Su salud continuó mejorando durante los días siguientes. El 6 de enero se acomodó en la cama, se arregló el pelo y se vistió la cabeza. No obstante, Catalina estaba preocupada de que no duraría hasta la luz del día y esperó hasta el amanecer para que su confesor, Jorge de Athequa, le diera la comunión. A continuación, Catalina se dedicó a rezar, murmurando oraciones hasta que finalmente falleció poco antes de las dos de la tarde, el 7 de enero de 1536. El día siguiente, la noticia de su muerte le llegó al Rey. En aquel entonces circulaban rumores de que había sido envenenada, posiblemente por Gregory di Casale. Según el cronista Edward Hall, Ana Bolena vistió de amarillo por el luto, siendo esto interpretado de varias maneras; Polidoro Virgilio lo interpretó como que Ana no estaba de duelo. Chapuys documentó que era de hecho Enrique el que se vistió de amarillo, celebrando la noticia y mostrando a su hija tenida con Ana, Isabel, con orgullo a los cortesanos. Esto lo vieron muchos como desagradable y vulgar. Otra teoría es que el vestir de amarillo se hizo por respeto a la Reina/Princesa Viuda difunta, pues se decía que el amarillo era el color de luto en España. Desde luego, se reportó que más tarde, tanto Enrique como Ana lloraron individualmente por su muerte y en privado.

El día del funeral de Catalina, Ana Bolena sufrió un aborto de un hijo varón. Entonces empezaron a aparecer rumores que Catalina había sido envenenada por Enrique o Ana, o incluso por ambos, dado que Ana había amenazado con asesinar a Catalina y a María en varias ocasiones. Los rumores se produjeron tras el presunto descubrimiento de una neoplasia negra en el corazón durante la embalsamación del cuerpo, posiblemente causada por el envenenamiento. El embalsamador encargado de preparar el cadáver de Catalina "encontró todos los órganos internos sanos y normales, con excepción del corazón, siendo muy negro y espantoso a la vista." El embalsamador, en realidad un abacero cuya especialidad era la cera, partió el corazón por la mitad y lo lavó varias veces, pero permaneció tercamente negro. Los expertos médicos coinciden en que la decoloración del corazón no se debió a la intoxicación, sino probablemente a un cáncer, cosa que en esa época se desconocía.

Catalina fue sepultada en la Catedral de Peterborough con la ceremonia debida a una Princesa de Gales viuda, no la correspondiente a una reina. Enrique no asistió al funeral y también prohibió que asistiera María. Todos los 29 de enero, aniversario de su entierro, tienen lugar unos actos conmemorativos en la Catedral.


Síguenos en Facebook.

Dale a me gusta y no te pierdas las biografías y curiosidades diarias que se publican en esCuriosity. ¡Muchas gracias!

Ayúdanos a seguir curioseando.

Con vuestros donativos podremos seguir compartiendo biografías y curiosidades. ¡Muchas gracias!


Otras Biografías