Cuando era todavía una adolescente, contrajo matrimonio con Luis, hijo de Felipe-Augusto, rey de Francia en el año 1200.


Blanca fue hija del rey Alfonso VIII de Castilla y de su esposa, la reina Leonor de Plantagenet. Sus abuelos paternos fueron los reyes Sancho III el Deseado y su esposa Blanca Garcés de Navarra y los maternos el rey Enrique II de Inglaterra y su esposa Leonor de Aquitania. Fueron sus hermanos, entre otros, el rey Enrique I de Castilla y la reina Berenguela de Castilla, madre de Fernando III el Santo, rey de Castilla y León.

Nacida en Palencia en 1188 fue amamantada por la nodriza proveniente del pueblo de La Serna llamada Sancha López, la cual fue recompensada junto a su marido Martín García con buenas tierras de labranza según el privilegio en el cartulario del Monasterio de Santa María de la Vega. Alfonso VIII confió a Pedro Rodríguez de Castro y a su mujer Urraca Rodríguez de Guzmán la crianza de la infanta Blanca en su casa de Itero de la Vega, puerula infantissa Domina Blanca, nutriente in domo Petri roderici de Castro.

Felipe II Augusto de Francia y Juan I de Inglaterra acordaron que el heredero al trono de Francia, el futuro Luis VIII, se casara con una infanta de Castilla. Los embajadores de ambos reinos en 1199 llevaron a cabo las negociaciones para el matrimonio y en 1200, la ya anciana Leonor de Aquitania, se desplazó a Castilla, donde reinaba su hija Leonor, para conocer a sus nietas y decidir cuál sería la futura «reina de la Flor de Lis». La intención original era llevar como prometida del príncipe Luis a la entonces hija mayor soltera de los reyes de Castilla, Urraca, pero al final Leonor escogió a su segunda nieta Blanca, ya que a su parecer, esta infanta encajaría mejor en la corte de Francia. Con apenas doce años la infanta Blanca se despidió de sus padres y hermanos y emprendió viaje con su abuela hacia Francia y poco después, el 22 de mayo de 1200 se celebró la boda con el heredero de la corona.

Al morir Felipe, el 14 de julio de 1223, ocupó el trono el marido de Blanca con el nombre de Luis VIII. A los tres años, Luis murió de disentería a la vuelta de una campaña militar por la que pretendía recuperar el Mediodía para Francia.

Blanca fue una eficaz consejera de su marido. Madre de varios hijos, el segundo de los supervivientes, Luis, futuro Luis IX, San Luis IX, fue proclamado rey a la muerte de su padre, contando solamente doce años de edad, en 1226. Blanca fue nombrada regente, enfrentándose a los problemas acuciantes de su tiempo, como las pugnas con Inglaterra, el conflicto con los cátaros y las presiones de la nobleza.

En 1236, donó sus propiedades en Pontoise así como otras tierras para la edificación de un monasterio que fundó en 1242 con el nombre de Notre-Dame-la-Royale en honor a la Virgen María, aunque el nombre que prevaleció fue el de la abadía de Maubisson.

Una vez que su hijo pudo hacerse cargo de los asuntos de Estado, la reina Blanca de Castilla se retiró a la abadía que habiá fundado donde recibió sepultura después de su muerte en 1252 en Melun.


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