«Cuando haya bebido daré notas deliciosas.» «Mi suerte no se puede comparar a ninguna.»


Durante su reinado centró la mayor parte de su atención en la diplomacia y el comercio, e intentó aumentar el capital cultural del Imperio mediante la construcción de diversos teatros y la promoción de competiciones y pruebas atléticas. Diplomática y militarmente su reinado está caracterizado por el éxito contra el Imperio Parto, la represión de la revuelta de los británicos (60–61) y una mejora de las relaciones con Grecia. En el año 68 tuvo lugar un golpe de Estado en el que estuvieron involucrados varios gobernadores, tras el cual, aparentemente, lo forzaron a suicidarse.

El reinado de Nerón se asocia comúnmente a la tiranía y la extravagancia. Se lo recuerda por una serie de ejecuciones sistemáticas, incluyendo la de su propia madre y la de su hermanastro Británico, y sobre todo por la creencia generalizada de que mientras Roma ardía él estaba componiendo con su lira, además de como un implacable perseguidor de los cristianos. Estas opiniones se basan fundamentalmente en los escritos de los historiadores Tácito, Suetonio y Dion Casio. Pocas de las fuentes antiguas que han sobrevivido lo describen de manera favorable, aunque sí hay algunas que relatan su enorme popularidad entre el pueblo romano, sobre todo en Oriente.

La verosimilitud de los documentos que relatan los tiránicos actos de Nerón es motivo de controversia en la actualidad. Separar la realidad de la ficción, en relación con los escritos clásicos, puede resultar imposible.


Juventud

Nerón nació el 15 de diciembre de 37 con el nombre de Lucio Domicio Enobarbo (Lucio Domicio Ahenobarbo) en Antium(hoy, Anzio), cerca de Roma. Era el único hijo de Cneo Domicio Enobarbo (Cneo Domicio Ahenobarbo) y Agripinila, hermana del emperador Calígula.

Su padre era nieto de Cneo Domicio Enobarbo (Cneo Domicio Ahenobarbo) y Emilia Lépida a través de su hijo Lucio Domicio Enobarbo (Lucio Domicio Ahenobarbo). Cneo era nieto de Marco Antonio y Octavia la Menor a través de su hija Antonia la Mayor. A través de Octavia era por tanto sobrino de César Augusto. El padre sirvió como pretor y como miembro de la guardia personal de Calígula durante el viaje del futuro emperador a las provincias de Oriente. Según Suetonio, el padre de Nerón era un asesino y el emperador Tiberio le acusó de traición, adulterio e incesto. Sólo la muerte del propio Tiberio hizo que se librase de los cargos que se le imputaron. Cneo murió de un edema en enero del año 40, cuando Nerón acababa de cumplir dos años. Nerón se parecía mucho físicamente a su padre y también tenía el cabello castaño rojizo, de donde procedía el sobrenombre familiar: enobarbo (barba de (color) bronce).

Su madre, Agripinila (también conocida Agripina la menor), era bisnieta de César Augusto y su esposa Escribonia a través de su hija Julia Augusta y de su marido Marco Vipsanio Agripa. El padre de Agripinila, Germánico, era nieto de la esposa de Augusto, Livia por un lado y de Marco Antonio y Octavia por otro. Germánico era además hijo adoptivo de Tiberio. Una serie de antiguos historiadores acusan a la madre de Nerón de asesinar a su propio marido, el emperador Claudio.


El gran incendio de Roma

Durante la noche del 19 de julio de 64 estalló en Roma un incendio que devastó la ciudad. El fuego se inició en el sureste del Circo Máximo, donde se localizaban unos puestos que vendían productos inflamables.

Según Tácito, el fuego se extendió rápidamente y duró cinco días. Se destruyeron por completo cuatro de los catorce distritos de la ciudad y otros siete quedaron muy dañados. El único historiador que describe el incendio, de entre los que vivían en esa época, es Plinio el Viejo, mientras que los demás historiadores de la época, Flavio Josefo, Dion Crisóstomo, Plutarco y Epicteto, no mencionan el acontecimiento en sus obras.

No está realmente claro cuál fue la causa del incendio, si fue un accidente o fue premeditado. Suetonio y Dion Casio defienden la teoría de que fue el propio Nerón quien lo causó con el objetivo de reconstruir la ciudad a su gusto. Tácito menciona que los cristianos se declararon culpables del delito, aunque no se sabe si esta confesión fue inducida bajo tortura. Lo cierto es que los incendios accidentales fueron comunes en la Antigua Roma. Bajo los reinados de Vitelio (69) y de Tito Flavio Sabino Vespasiano (80), estallaron otros dos más.

Según Suetonio y Dion Casio, mientras Roma ardía, Nerón estaba cantando el Iliupersis. Sin embargo, según Tácito, Nerón estaba en Antium, distante aproximadamente 42 km. de Roma, durante el incendio y, al tener noticias del mismo, viajó rápidamente a Roma para encargarse del desastre, utilizando su propio tesoro para entregar ayuda material. Tras la catástrofe, abrió las puertas de su palacio a las personas que habían perdido su hogar y abrió un fondo para pagar alimentos que serían entregados entre los supervivientes. A raíz del incendio, Nerón desarrolló un nuevo plan urbanístico dentro del cual proyectó la construcción de un nuevo palacio, conocido como la Domus Aurea, en unos terrenos que el fuego había despejado. Para conseguir los fondos necesarios para la construcción del suntuoso complejo, Nerón aumentó los impuestos de las provincias imperiales.

Tácito relata que tras el incendio la población buscó un chivo expiatorio para desatar su ira y empezaron a circular rumores de que Nerón era el responsable. Para alejar de sí las culpas, Nerón acusó a los cristianos y ordenó que a algunos se los arrojara a los perros mientras que otros fueron quemados vivos y crucificados.

Tácito lo describe así:

«Sin embargo, ni por industria humana, ni por larguezas del emperador, ni por sacrificios a los dioses, se lograba alejar la mala fama de que el incendio había sido mandado. Así pues, con el fin de extirpar el rumor, Nerón se inventó unos culpables, y ejecutó con refinadísimos tormentos a los que, aborrecidos por sus infamias, llamaba el vulgo cristianos. El autor de este nombre, Cristo, fue mandado ejecutar con el último suplicio por el procurador Poncio Pilatos durante el Imperio de Tiberio y reprimida, por de pronto, la perniciosa superstición, irrumpió de nuevo no solo por Judea, origen de este mal, sino por la urbe misma, a donde confluye y se celebra cuanto de atroz y vergonzoso hay por dondequiera. Así pues, se empezó por detener a los que confesaban su fe; luego por las indicaciones que estos dieron, toda una ingente muchedumbre (multitudo ingens) quedaron convictos, no tanto del crimen de incendio, cuanto de odio al género humano. Su ejecución fue acompañada de escarnios, y así unos, cubiertos de pieles de animales, eran desgarrados por los dientes de los perros; otros, clavados en cruces eran quemados al caer el día a guisa de luminarias nocturnas. Para este espectáculo, Nerón había cedido sus propios jardines y celebró unos juegos en el circo, mezclado en atuendo de auriga entre la plebe o guiando él mismo su carro. De ahí que, aún castigando a culpables y merecedores de los últimos suplicios, se les tenía lástima, pues se tenía la impresión de que no se los eliminaba por motivo de pública utilidad, sino para satisfacer la crueldad de uno solo.»


Apariciones públicas

Nerón era aficionado a la conducción de carros, al arpa y a la poesía. El emperador compuso canciones que se interpretaron por todo el Imperio, aunque en un principio solo las tocaba en audiencias privadas.

En el año 64 Nerón empezó a cantar en público en la ciudad de Neápolis, buscando con ello aumentar su popularidad. Cantó también en el Quinquenal Neronia en el año 65. Algunos historiadores relatan que fueron el Senado, su círculo de amigos y el pueblo los que animaron a Nerón a cantar en público. Sin embargo, los historiadores antiguos critican las acciones del emperador considerándolo denigrante para alguien de su posición.

Nerón participó en los Juegos Olímpicos del año 66/67, a fin de mejorar las relaciones con Grecia y mostrar el dominio romano al pueblo helénico y al orbe en general. En ese viaje proclama a todos los griegos libres y exentos de pagar tributo. Como competidor, Nerón condujo un carro de diez caballos y casi murió al sufrir una caída. También participó como actor y cantante y, a pesar de no ser el mejor de los participantes, ganó todas las coronas y las llevó a Roma donde las expuso en un desfile. Las victorias de Nerón se atribuyen sin duda a su condición de emperador y al soborno de los jueces.


Muerte

A finales de 67 o principios de 68, Cayo Julio Vindex, gobernador de la Gallia Lugdunensis, se rebeló contra la política fiscal de Nerón. El emperador envió a Lucio Verginio Rufo, gobernador de Germania Superior, a sofocar la revuelta y Víndex, con el objetivo de recabar aliados, pidió apoyo a Galba, gobernador de Hispania Tarraconense. Verginio Rufo, sin embargo, derrotó a Víndex y este se suicidó, mientras que Galba, por su parte, acabó siendo declarado enemigo público.

Nerón había recuperado el control militar del Imperio, pero esto fue utilizado en su contra por sus enemigos en Roma. En junio de 68, el Senado votó que Galba fuera proclamado como emperador y declaró «enemigo público» a Nerón, utilizando para ello a la Guardia Pretoriana, que había sido sobornada, y a su prefecto Ninfidio Sabino, que ambicionaba convertirse en emperador.

Según Suetonio, Nerón huyó de Roma a través de la Vía Salaria. Sin embargo, a pesar de haber huido, Nerón se preparó para suicidarse con ayuda de su secretario Epafrodito, quien lo apuñaló cuando un soldado romano se aproximaba. Según Dion Casio, las últimas palabras de Nerón demostraron su amor a las artes.

¡Qué artista muere conmigo!.
Fue el último emperador de la Dinastía Julio-Claudia y el Imperio se sumió en una serie de guerras civiles conocidas como el Año de los cuatro emperadores.


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